De los primeros teclados al piano moderno
Historia de la música · El piano a lo largo de la historia · Nivel 2 · 12 min
El piano solo tiene tres siglos. Antes que él, y durante mucho tiempo a su lado, otros instrumentos de teclado dieron forma a la música que tocamos hoy. Conocerlos explica muchas cosas: por qué Bach casi no escribe matices, por qué Mozart pide un toque tan ligero, por qué Liszt puede hacer tronar el instrumento.
El órgano
El teclado más antiguo (el hydraulis de la antigua Grecia es su antepasado). El sonido sale de tubos alimentados por aire: dura mientras se mantiene la tecla, sin apagarse, pero el organista no puede matizarlo con el toque. El color se cambia accionando registros.
El clavicordio
Un instrumento íntimo: una pequeña lámina de metal (la tangente) golpea la cuerda y se queda apoyada en ella. El sonido es muy suave pero sensible al toque: se puede matizar e incluso hacer un ligero vibrato (la Bebung). Era uno de los instrumentos de estudio favoritos de Bach y de su hijo Carl Philipp Emanuel.
El clave
Aquí la cuerda se pulsa con un pequeño plectro (de pluma; hoy, de plástico). El sonido es brillante y rico, pero la fuerza con que pulsas apenas cambia el volumen. Los clavecinistas dan forma a la música de otro modo: con la articulación, el manejo del tiempo, la ornamentación, los registros y el paso de un teclado a otro (en los claves de dos teclados). Couperin, Rameau, Scarlatti, Bach y Händel escribieron para él.
El fortepiano
Hacia 1700, en Florencia, Bartolomeo Cristofori inventó un «clave que toca suave y fuerte» (gravicembalo col piano e forte): unos macillos golpean las cuerdas y rebotan de inmediato. Por primera vez, la fuerza del dedo controla directamente el volumen. El fortepiano de Mozart y del joven Beethoven es ligero, con una mecánica vienesa ágil y un sonido claro que se apaga rápido; su tesitura es de unas cinco octavas.
El piano moderno
En el siglo XIX, el instrumento se transformó para llenar salas de concierto cada vez más grandes:
- 1821: Sébastien Érard patenta el doble escape, que permite repetir muy rápido la misma nota;
- un marco de hierro fundido de una sola pieza (años 1850–60), mayor tensión de las cuerdas, un sonido más potente y sostenido;
- la tesitura ampliada a 88 teclas (algo más de 7 octavas);
- tres pedales: el de resonancia (apagadores), el una corda (pedal suave) y, más tarde, el sostenuto, que solo prolonga las notas ya mantenidas.
Chopin, Liszt, Brahms y después Debussy y Ravel escribieron para este nuevo instrumento, capaz tanto de cantar como de tronar.
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