El motivo: la semilla de toda música

· Primeras ideas · Nivel 1 · 12 min

Cuatro notas. Tres cortas y una larga. Seguro que las conoces: abren la Quinta Sinfonía de Beethoven. A partir de ese minúsculo fragmento, Beethoven construyó todo un primer movimiento. Ese es el gran secreto de los compositores: una pieza casi nunca nace de una enorme melodía caída del cielo, sino de una pequeña idea a la que se hace crecer. Esa pequeña idea se llama motivo.

1. ¿Qué es un motivo?

Un motivo es la célula musical reconocible más pequeña: normalmente de 2 a 6 notas, rara vez más de dos compases. Tiene una identidad, como un rostro: cuando lo vuelves a oír, aunque esté algo transformado, lo reconoces. Escucha el motivo de Beethoven (un silencio, tres corcheas, una nota larga) y luego su respuesta un grado más abajo.

M:2/4
L:1/8
Q:1/4=108
K:Cm
z G G G | E4 | z F F F | D4 |]

Fíjate en que la segunda mitad no es un motivo nuevo: es el mismo, desplazado. Tu oído hace la conexión al instante. Eso es exactamente lo que vas a aprender a hacer.

2. Los tres ingredientes de un motivo

  • El ritmo: el ingrediente más fuerte. Da palmas «corta-corta-corta-larga»: ¡todo el mundo reconoce a Beethoven, incluso sin las alturas!
  • El contorno: la forma de la línea melódica (ascendente, descendente, ondulada, un salto y luego un retroceso por grados…).
  • Los intervalos: la distancia entre las notas. Un motivo hecho de notas vecinas (movimiento por grados conjuntos) suena cantable; un motivo que salta suena más enérgico o heroico.

El Himno de la alegría de Beethoven es lo contrario de la Quinta: un ritmo muy sencillo (negras regulares), un contorno ondulado, solo notas vecinas. El resultado es una melodía que cualquiera puede cantar.

M:4/4
L:1/4
Q:1/4=100
K:C
E E F G | G F E D | C C D E | E3/2 D/ D2 |]

3. Construir un motivo a partir de un ritmo

Este es el método más fiable para no quedarte nunca bloqueado ante la página en blanco: empieza por el ritmo y añade las alturas después.

  1. Inventa un ritmo de dos compases dando palmas o diciéndolo en voz alta («ta, ta, ti-ti, ta…»). Necesita un poco de relieve: una nota más larga al final, o dos corcheas que aceleran.
  2. Toca ese ritmo sobre una sola nota, por ejemplo Do. Si ya te hace mover la cabeza, es un buen ritmo.
  3. Ahora dale un contorno: haz que las primeras notas suban y luego vuelvan a caer sobre la nota larga.

Paso 2: el ritmo solo, sobre Do. Puedes marcarlo con el widget que hay justo debajo.

M:4/4
L:1/4
Q:1/4=96
K:C
C C C/ C/ C | C4 |]

Paso 3: el mismo ritmo vestido con alturas. El motivo sube de Do a Sol, hace un pequeño gancho (Sol–Fa) y luego se posa en Re, una nota que «espera algo a continuación».

M:4/4
L:1/4
Q:1/4=96
K:C
C E G/ F/ E | D4 |]

Guarda bien este motivo: lo reutilizaremos en las próximas lecciones para repetirlo, variarlo y convertirlo en una verdadera melodía.

Consejo de compositor: un buen motivo suele terminar en una nota bastante larga. Esa nota de reposo hace de «puntuación» y da a los oyentes tiempo para memorizar lo que acaban de oír.

4. Con cinco dedos basta

Para tus primeros motivos, limítate a las cinco notas Do–Re–Mi–Fa–Sol con la mano derecha en posición de Do. La técnica no te estorbará y oirás con más claridad lo que cambia cada nota. Muchos grandes temas caben en cinco notas: el Himno de la alegría es la prueba.

Errores frecuentes:
  • Un motivo demasiado largo: más allá de dos compases ya no es un motivo sino una frase, y nadie lo recuerda.
  • Un ritmo plano: cuatro negras idénticas sobre notas al azar no dejan ninguna huella en la memoria.
  • Querer decirlo todo a la vez: un motivo es solo una semilla. No necesita ser brillante por sí mismo; necesita ser aprovechable.

Tu taller

  1. Abre el piano roll. Pon el compás en 4/4 y el tempo alrededor de 90.
  2. Inventa tres ritmos distintos de dos compases (primero con palmas) y escribe cada uno sobre una sola nota, Do.
  3. Da a cada ritmo un contorno distinto usando Do, Re, Mi, Fa y Sol: uno que suba, uno que baje y uno en forma de ola.
  4. Escucha tus tres motivos con los ojos cerrados. ¿Cuál sigue en tu cabeza un minuto después? Ese es tu motivo «ganador».
  5. Ponle un nombre («la pregunta», «el saltito»…) y cópialo en el editor ABC para guardarlo en tu cuaderno de bocetos.

Autoevaluación: ¿puedes cantar o silbar tu motivo de memoria al día siguiente? Si es así, tiene identidad.

✓ Hacer el cuestionario de la lección

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